Desbloqueo sexual


Consejos para liberar tu energía y apagar el murmullo mental.


Me atrae, me gusta, me calienta, quiero soltarme, que todo fluya...Pero cuando llega el momento, me pongo tens@, me desconcentro, no sé qué hacer para dar o sentir placer, todo me da vergüenza, no me conecto, ¡estoy en otra!.... Esta podría ser una consulta random en el consultorio de algun@s sexólog@s. O también podría ser parte de tu propio ronroneo mental cuando sientes que en tu cama además de tus fantasías y tus compañías, se meten algunos miedos, prejuicios o creencias que te limitan y te impiden disfrutar. Menos hacer, más sentir La mecánica corporal del “hacer” aleja la energía de la parte inferior del cuerpo y la lleva hacia la cabeza, el cuello y los hombros, lo que suele tensionar el cuerpo. Pero ya lo sabemos: el deseo surge más cuando el cuerpo está abierto, relajado y fluido. Ahora, sumemos a este combo la falta de tiempo, sueño e intimidad emocional y, para much@s de nosotr@s, la idea de estar comprometid@s sexualmente con nosotr@s mism@s o con una pareja se siente como una tarea más que hacer. Una buena idea es reducir el “input” del afuera (tiempo lejos de los factores estresantes más obvios, como la electrónica y las redes sociales). Otra buena idea es dejar de buscar soluciones y estímulos externos, que a menudo requieren incluso más “hacer”. Está bueno tomar conciencia de lo que ya está aquí con nosotr@s. La sensación de tu pelo rozando tu cuello, la sensación de la tela moviéndose alrededor de tus caderas, un pedacito de chocolate, un sorbo de té o el olor a flores frescas pueden sacudir tus sentidos y conectarte con la percepción del placer. Con el tiempo, estas pequeñas percepciones sensuales entrenan al cuerpo para que esté más consciente y vivo para la conexión sensual con una pareja y con nosotr@s mism@s. ¿Por qué nos bloqueamos? Por el estrés y la sobrecarga sensorial: un aspecto del deseo está relacionado con la cantidad de sensaciones que podemos sentir en nuestro cuerpo. Cuando nuestra percepción está adormecida por el estrés, la sobrecarga sensorial y las exigencias de una vida ajetreada, no podemos sentir mucho de lo que el cuerpo indica, incluido el deseo.


Por la desconexión con la parte inferior de nuestro cuerpo: como personas, estamos conectad@s de una forma muy particular con la parte inferior de nuestro cuerpo. El poder de crear, nuestro instinto y nuestra capacidad de sentir placer, así como de procrear, se encuentran allí. Con el estrés y el agobio puede venir no solo el entumecimiento de esa zona (ustedes pue- den sentirlo cuando dice “estoy dura”), sino también ciertos mecanismos, que pueden tomar la forma de comer en exceso, adicciones o la sensación de desco- nexión. Por la pérdida del ritmo propio: una de las cosas que más nos desconectan de nuestra energía sexual es haber perdido el propio ritmo. Nos subimos a las exigencias de un sistema que no se rige por tiempos naturales, nos desconectamos de nuestras raíces, de la propia esencia. Saber dónde se atasca la energía o ser capaz de detectar áreas de tensión es el primer paso para distribuir la energía de manera diferente. El simple movimiento de las caderas, los muslos y la parte inferior del cuerpo puede contrarrestar los efectos de la tensión de la parte superior del cuerpo y el pensamiento excesivo. Incluso algo tan sencillo y simple como bailar puede ser un buen entrenamiento para reconectarte con tu propia música. Por obstáculos mentales: son los miedos, represiones, mandatos, modelos disfuncionales, mitos, creencias falsas o conflictos emocionales sin resolver, que pueden ser molestos y causar bloqueos a la hora de subir la energía. El tantra propone liberarnos de ese condicionamiento que nos impide tener una relación abierta y relajada con la sexualidad. Por eso el “sanar” o el “desbloquear” implica el trabajo de buscar nuestra verdadera identidad sexual de nuestra esencia. Hablamos de “sanación” cuando logramos hacer conscientes estos mensajes recibidos (¿qué ideas sobre el sexo cultivaste a partir de tus padres, tus parejas anteriores, tus amigas, o la sociedad?). Es profundizar y cuestionar los mandatos (¿tienes todavía ideas acerca de cómo “debería” ser una persona sexual y deseante?) y librarnos de aquellos que nos controlan y afectan nuestra genuina identidad sexual.

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