Del Roque Nublo y de la otra ventana que mira al Bentayga

 

 

Iñaki Cabrera y David Salazar 

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Aunque parezca sorprendente, después de muchos años recorriendo los senderos, lomas, degolladas barrancos, veredas, caminos y todos los afines que quieras agregarles en este pequeño continente en miniatura; nunca habíamos subido hasta su símbolo e icono principal que se postula como carácter efervescente en este relieve principalmente petrificado del paisaje cumbrero, el Monumento Natural del Roque Nublo. Tampoco te engaño, de alguna forma siempre habíamos querido enlazar su deseada visita con otros elementos dimanantes de este relieve tan singular y en cierta media único.

Del Roque Nublo y de la otra ventana que mira al Bentayga Partiríamos desde el acceso principal. Como a menudo suele suceder, el parking y sus aledaños rebosaban con vehículos de alquiler. Tras recorrer, los primeros cientos de metros dibujados por un camino bien delimitado incluso en partes adoquinado, nos desviamos por una pequeña senda menos transitada que conduce a la Culata de Tejeda. Por momentos, vino a nuestra memoria, el trepidante descenso que realizamos años atrás, aunque en aquella ocasión, viniendo desde la Embocada del Nublo. Ahora, nuestro recorrido en parte lo describiríamos a la inversa, pero con una parada obligatoria en uno de los grandes salientes de este monumento natural que forma parte de las maravillas del Parque Rural del Nublo. Porque en este pronunciado y escabroso Risco de la Foguera disfrutas de una magnífica panorámica de la Cadera de Tejeda y los barrancos que la conforman. Por un momento, nuestro pensamiento se entristeció recordando el infernal y reciente incendio que asoló gran parte de su territorio. Los pinos habían perdido su perenne color verde tornando a colores más amarronados, los senderos al descubierto, desprovistos de vegetación, parecían venas que surcaban la piel de la madre tierra. Solo la certeza de que nuestra querida isla siempre resurge tras un incendio, nos levantó el ánimo y nos sacó de ese sombrío recuerdo.

Retornamos al sendero que zigzagueando entre pinos nos trasladan hacia el Aserrador disfrutando de las vistas del Bentayga, de la Mesa de Acusa, de la montaña de Altavista e incluso del Teide, más allá en la distancia. Por fin, llegaríamos a la presa de Don Gregorio y el Pequeño Roque de Elba que la adorna.

Ahora, abandonamos el camino ascendiendo ladera arriba en una suerte de desdibujado sendero que nos llevaría a lo alto de la Montaña del Nublo, o de Ñurgo como aparece en algunos escritos del Siglo XVII. Y desde allí, descenderíamos unos pocos metros hasta llegar a una joya geológica, un arco natural perforado en la roca por el capricho de la erosión. La Ventana del Bentayga, un nombre perfectamente descrito. Si miras a través de él, observas el otro gran roque que marca la idiosincrasia y el perfil de este universo pétreo.

Desde aquí, el camino planteado ganaba en rebeldía. Avanzaríamos por una vereda solo apta para los más aventureros con pasos algo más expuestos y bordeando entre andenes la orografía de estas montañas hasta toparnos con un muro de piedra seca anclado desde tiempos pretéritos y ahora seriamente castigado. Llamado también como raya, delimitaba el antiguo perímetro del Cortijo del Nublo. Retomamos brevemente el camino por el que habíamos venido, hasta encontrarnos con el sendero que asciende a la Laja del Nublo, y por él nos encaminamos.

Con el respeto de quien entra en un santuario, fuimos subiendo los escalones escavados en la roca y que nos acercaba a la Laja, a cada paso, se erguía ante nosotros la magia de este Roque Nublo y a su lado, su fiel compañero el Roque de la Rana. Recorrimos unos metros por esta lápida natural dominada por el silencio, hasta llegar a la inmensidad de este monolito. Tocarlo después de tantas horas irradiándole calor en un día absolutamente despejado, produce una sensación ciertamente indescriptible y casi mística pues parecía que te cargaras de energía. Cuentan las crónicas, que en este lugar se hacían ofrendas al dios Magec de los antiguos canarios, el Sol.

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