Bienvenid@s una vez más a “Vivir Vegano” número 15. Como empieza un nuevo curso, vamos a ver si entre tod@s seguimos aprendiendo y creciendo junt@s, no sólo en conocimiento, sino en valores que enriquezcan a nuestra comunidad. Hoy les quiero compartir algunas historias, que para ser sincero, afortunadamente cada vez me pasa menos. Me he dado cuenta, que después de decir que no ingiero alimentos que provengan de animales, o como se le conoce comúnmente ahora, ser vegano. He observado varias reacciones, como si se activara un mecanismo de ataque, defensa, de bromas pesadas, descalificaciones e inclusive combinadas entre ellas en una misma persona. No me considero una persona extrema en compartir este asunto, tampoco trato de convencer a nadie sobre la alimentación que yo llevo, sólo comparto mi conocimiento cuando veo en las personas algún tipo de interés o dudas que me hacen llegar. Mi decisión personal de seguir esta filosofía de vida es 100% por respeto a todo ser vivo que sufre esclavizado o explotado, luego fui ampliando mi conocimiento, dándome cuenta que además, colaboraba con el medio ambiente y por si fuera poco también incrementaba en gran medida, a mejorar mi salud si llevaba mi alimentación de una manera equilibrada. Les voy a hablar un poco de estos personajes que me he ido encontrando en mi vida: “Profesional de la nutrición”: Dícese de aquella persona la cual no ha leído un libro sobre nutrición en su vida pero lo sabe todo, absolutamente todo en alimentación, y te discute que no es una alimentación saludable, mientras diariamente presume de consumir su filete de ternera y quizás una vez a la semana, saluda a alguna manzana distraída que se pudre en su frutero. ”Defensor de las plantas”: Es@s que dicen: -Pero claro, ¿entonces que comemos si las plantas también “siente”? y cuando visito su casa no tiene ni un triste cactus con el que empatizar, aunque sea para justificar su gran elocuente teoría. Cuando hablamos de sentir, nos solemos referir a aquellos seres que tiene un sistema nervioso centralizado (un cerebro) y tienen la capacidad de sufrir o disfrutar, pero si fuese ese el caso, que tuvieran esa gran sensibilidad por las plantas, pueden adoptar una alimentación vegana libre de animales y de plantas que se conoce como alimentación frugívora, basada principalmente en comer frutas, frutos secos, cereales, etc. y no es algo nuevo, más de cuatro millones de personas lo practican en la India desde el siglo VI a.C. Aunque en éste caso en particular que yo viví, me lo dijo como justificación o excusa para seguir con su alimentación habitual. Y ya por último, pero no menos importante, tenemos al “Religioso“, vaya por delante mi respeto a todas las religiones. En más de una ocasión, y sin venir a cuento, me han soltado esa gran frase de “Dios creó a los animales para que nos lo comiéramos”. Pasa algo muy curioso cuando seguidamente le pregunto cuantas veces van a misa y suelen cambiar inmediatamente de tema alegando que esa no es la pregunta. Evidentemente no me lo han dicho fieles siervos a un dogma, aunque investigando un poco les voy a rescatar un pasaje del Génesis 1:29-31 «..Y continuó diciendo: Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde». Deseo que éstas mini-historias personales que les he contado, les haga reflexionar y también me gustaría saber que les he arrancado alguna que otra sonrisa, ya que el humor es un gran alimento para el alma o como decía Hipócrates: “Que el alimento sea tu medicina”.

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