Un paseo por la Isla de Lobos

 

 

Iñaki Cabrera y David Salazar 

Facebook y hashtag #sigueelsendero Escúchanos los jueves a las 18:00 en Radio Teror 107.6 Fm 

1sigueelsendero@gmail.com 

 

 

Más allá de las blanquecinas dunas que cincelan con

maestría este paisaje del municipio de Corralejo en la isla

de Fuerteventura, emerge desde el mar una de las joyas

geológicas de nuestro archipiélago canario, colmado de

singularidad y también de magia. Esta particular lejanía

de lo cotidiano y los elementos que muestra a lo largo de

su orografía hacen de ella un lugar paradisíaco. Esta isla

de Lobos, cuyo nombre arrastra desde tiempos ancestrales

donde los lobos marinos o focas monjes acampaban

diseminados en sus costas. Todo el islote se configura

como un espacio natural protegido que va a permitir, en

cierta medida, un freno a las ansias de especulación.

Corría la mañana bajo un sol que se prometía

incandescente. Aprovechamos para pasear un rato en

medio de la tranquilidad y el acogimiento que te brinda

el puerto pesquero de Corralejo mientras esperábamos a

que zarpara una de tantas embarcaciones de las empresas

autorizadas para acercarte al islote. Un pequeño muelle

esculpido entre la robustez de un diseminado mundo

rocoso nos daba la bienvenida a este fascinante lugar, junto

con los usuarios que simultáneamente debían regresar.

Nos encauzamos por el camino de la derecha, dejando

atrás el centro de interpretación del Parque Natural, entre

pequeños conos volcánicos donde parece que las tabaibas

dulces han aprendido a atrincherarse con suma facilidad.

Más adelante, el senderó nos llevaría hacia una ensenada

con un pequeño puerto pesquero rodeado de charcas de

aguas cristalinas que invitaban a un suculento baño.

Proseguimos recorriendo la orografía de este impactante

islote hasta acercarnos a una gran hoya con diseminadas

lagunas de aguas retenidas por infiltración, conformando

un paisaje verdaderamente formidable, no sólo de

vegetación en este tipo de suelos, sino también un paraíso

para las aves. Atrás dejaríamos a una gaviota patiamarilla

enfrascada en darle de comer a sus plumados polluelos.

También, observaríamos algún que otro pequeño horno de

cal y diseminados corrales como elementos patrimoniales

destacables.

Sin prácticamente darnos cuenta, llegaríamos a uno de

los lugares más llamativos de esta pequeña isla, el Faro

de Martiño. Una aislada construcción con unas vistas

privilegiadas a la costa sureste de Lanzarote. Optamos por

hacer una parada y recuperar energías en esta calurosa

jornada. Mientras tanto, un pequeño bisbita caminero nos

hacía compañía con su incesante andar recorriendo las

cercanías, siempre atenta a cualquier movimiento.

En adelante, seguiríamos el sendero por la otra cara del

islote entre numerosos conos volcánicos y hundiendo

nuestros pasos en la arena diseminada por doquier. No

tardamos en visualizar en la distancia el punto más alto

de este emplazamiento, la Caldera de la Montaña. Sin

embargo, el tiempo en este idílico espacio iba llegando a

su fin y debíamos proseguir.

Seguimos, entre algunas montañas donde asomaban

nuevamente pequeños hornillos de cal, y al otro lado,

unas antiguas salinas con un llamativo molino en una

zona impregnada de antiguas coladas volcánicas. Por fin

llegaríamos a nuestro último objetivo antes de tomar el

barco de regreso, la playa y el charco de la Calera. Un

mágico lugar, ideal para disfrutar de un placentero baño en

el regocijo de este formidable islote con unas formidables

vistas a las Dunas de Corralejo y que serviría de colofón a

esta mágica aventura.

Please reload

Entradas destacadas

I'm busy working on my blog posts. Watch this space!

Please reload

Entradas recientes

October 31, 2019

October 31, 2019

October 1, 2019

October 1, 2019

Please reload

Archivo