Chemsex, los riesgos de mezclar sexo y drogas

September 4, 2019

Entrevistador, redactor y coach.

 

El chemsex, combinar el consumo de drogas y la

práctica del sexo con varias personas, aumenta el

riesgo de contraer una infección de transmisión

sexual, y puede causar adicciones y otros problemas

de salud.

El término chemsex procede de chemical sex, o sexo

químico, y consiste en una reunión que suele durar todo un

fin de semana, en la que se mantienen relaciones sexuales

con diferentes personas bajo los efectos de sustancias

estimulantes como la mefedrona, una droga muy adictiva.

El objetivo del encuentro es disfrutar del sexo sin parar –

ni siquiera para comer o descansar– durante tanto tiempo

como se pueda.

El consumo de drogas –además de mefedrona, las más

frecuentes son la metanfetamina de cristal, éxtasis líquido

(GHB, gamma-hidroxibutirato) y GBL (butirolactona), o

cocaína– potencia la sensación de euforia y favorece una

excitación prolongada, que permite aguantar el ritmo y

reduce la percepción de peligro, por lo que los participantes

se encuentran desinhibidos y con más confianza en sí

mismos, y olvidan adoptar precauciones como el uso del

preservativo.

Esta práctica sexual no solo se ha extendido entre parte

del colectivo homosexual, ya que también se ha puesto

peligrosamente de moda entre heterosexuales que buscan

emociones fuertes. Se suele realizar en el ámbito privado –en

pisos o apartamentos de particulares, que dan publicidad al

encuentro a través de las redes sociales o App de contactos

como Grindr– por lo que no es fácil determinar su alcance,

y en España todavía no se tienen datos sobre su incidencia

real, aunque Barcelona, Madrid y Valencia están a la cabeza

de Europa en la organización de este tipo de fiestas de

sexo y drogas. Con respecto al perfil característico de los

participantes en estas orgías, generalmente son hombres

de entre 20 y 45 años a los que les gusta salir de noche y

vivir emociones intensas, el 80% son universitarios con un

trabajo estable.

Chemsex, un problema de salud pública

Los expertos alertan de que el chemsex aumenta el

riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual –

incluido el sida, tres de cada diez asiduos al chemsex están

contagiados–, especialmente entre los jóvenes, que cada

vez temen menos a la infección por VIH porque ya no la

consideran una enfermedad mortal, y que tampoco tienen

en cuenta la posibilidad de contraer otras enfermedades

infecciosas y potencialmente graves como la hepatitis C, por

lo que las autoridades sanitarias de algunos países europeos

y Estados Unidos están analizando este fenómeno social,

que podría convertirse en un problema de salud pública.

Además, contraer una ETS no es el único peligro para la

salud que entraña esta práctica sexual. Las drogas que

se consumen durante los encuentros íntimos tienen

efectos secundarios y pueden causar adiccion; de hecho,

la mefedrona, una droga de diseño que se identificó por

primera vez en 2008 y se puede administrar por vía oral,

esnifar o inyectar –con los riesgos que conlleva compartir

jeringuillas–, es muy adictiva.

Los efectos secundarios de esta sustancia pueden ser leves

o llegar a ser graves, y el consumidor puede presentar

desde supresión del apetito, visión distorsionada o una

alteración en la regulación de la temperatura corporal,

hasta insomnio, sinusitis, aumento del ritmo cardiaco y la

presión arterial, o psicosis, entre otros. La mefedrona ha

sido prohibida en varios países de la Unión Europea, entre

ellos España. Sin embargo, se puede adquirir por Internet a

precios asequibles.

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