Barranco Hondo. Brecha en Amurga

 

 

Iñaki Cabrera y David Salazar 

Facebook y hashtag #sigueelsendero Escúchanos los jueves a las 18:00 en Radio Teror 107.6 Fm 

1sigueelsendero@gmail.com 

 

Amanecía y para esta ocasión nos encauzaríamos hacia el litoral sureste de la isla, desde donde nos introduciríamos en una formidable radial que se abría paso en la inmensidad del Macizo de Amurga. Nuestro primeros pasos dejarían rápidamente atrás la Machacadora que secciona el cauce del barranco para introducirnos lentamente en su curso, entre escabrosos paredones que se alargan hasta las más altas cotas de un formidable conjunto montañoso de características singulares y acaudalada dureza. La exigencia del recorrido junto con las grandes expectativa de un sol devorador en horas del mediodía, aconsejaban ganar tiempo en la frescura de la mañana. Tras pasar este lugar de transformación de materiales, sortearíamos un aglomerado de aluviones pretéritos adornados con numerosos salados, espinos y aulagas que dominarían con claridad este entramado del terreno. Lentamente tomaríamos el recorrido para adentrarnos en lo profundo de la brecha. Ahora, grandes y hermosos cardones junto con tabaibas aparecían cual si fuera un cartel de bienvenida en este lienzo dominado por la roca. Pensé en los tiempos antiguos y el paisaje lo relacionaba incluso a otros lugares de nuestro mundo como el lejano Oeste. Unas significativas plantas que nos acompañarían a lo largo del camino. Más adentro entre trabajados pilancones, balos, vinagreras y otros tantos juncos acamparían a sus anchas. Progresivamente, las paredes abruptas del barranco iban cerrándose en nuestro avance, asomando en el recorrido oquedades de todos los tamaños, labradas por la erosión y por un efervescente vulcanismo mucho más antiguo. Ahora te cuento que a partir de aquí, todo se fue complicando. Las piedras pequeñas dieron paso a grandes rocas y el barranco seguía aumentando en su encaje, en su cierre, en sus alturas, en su estrechez, en su dificultad. La enorme radial en cierta medida cincelaba con maestría este accidentado territorio que quedaba retratado cual espejo en las cristalinas aguas que descansaban en los pilancones que íbamos sorteando en nuestro zigzagueante avance. Mientras, el sol se erguía con fuerza esmerándose en frotarnos la cabeza con algo de dureza. Afrontamos con cierta dificultad unos paredones con anclada vegetación que actuaba, en cierto modo, de barrera infranqueable hasta que, por fin, llegamos al último tramo de esta parte del cauce cercenado por un pronunciado caidero prácticamente infranqueable. Una nueva señal de las maravillas que esconde esta escarpada cordillera. En él, un hilo de agua descendía desde las alturas brindándonos una oportunidad para refrescarnos.La vuelta en un aderezado recorrido sería igual que lo que te he contado pero ahora, en sentido contrario. A mitad del soliviantado cauce, abandonaríamos el barranco por una desdibujada vereda, ascendiendo vertiginosamente en busca de la magnificencia de uno de los grandes arcos naturales con los que cuenta la orografía de Gran Canaria: El Coronadero. Sin duda, constituye un auténtico desafío en el mundo de las geoformas camuflado en la identidad de este pedregoso escenario. Seguidamente, tras un suave y continuado descenso nos desviamos hacia el barranco de la Monta introduciéndonos en una breve galería que te conecta nuevamente con los inicios de este Barranco Hondo, no muy lejos de aquella industria de transformación de materiales que sorteamos al inicio de esta trepidante andadura que no olvidaremos fácilmente y nuestras piernas tampoco.

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