#sigueelsendero

 

 

Iñaki Cabrera y David Salazar 

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1sigueelsendero@gmail.com 

 

No puedo negarte que esta aventura transcurriría en un momento distinto, con un sendero distinto y un objetivo distinto. Ahora, lo especial no serían los lugares emblemáticos que pensábamos recorrer, que lo eran; tampoco lo desacostumbrado de estas trasnochadas horas, que también lo era. La búsqueda de una lluvia de luminosa efervescencia cruzando la oscuridad del cielo nocturno sería nuestro nuevo objetivo.

 

De las Lágrimas de San Lorenzo y la búsqueda de las Perseidas 

El sol apuraba su posición al encuentro con el horizonte. Nuevamente nos preparábamos para un pateo por las cumbres de Gran Canaria. Curiosidades del terreno, esta ruta describía una estrella de cuatro puntas sobre el mapa. Partiríamos desde una de sus puntas, iniciando la andadura por la zona de Bailico próximo a los Llanos de la Pez. El camino que llaman de La Plata nos adentraría en el centro de esta imaginaria estrella. Un cartel revelaba la situación de un camino de peregrinaje con el nombre de Camino de Santiago, uniendo dos importantes ermitas de Gran Canaria, la de Santiago de Tunte y la de Santiago de los Caballeros en Gáldar. 

Continuamos hacia el Oeste, mientras el Sol perfilaba el horizonte detrás del Nublo brindando una hermosa imagen del ocaso. Caminamos hacia la Degollada de los Hornos mostrando pronunciados paredones de un abrupto relieve. Luego, seguimos por el Morro de la Aguillilla, este último lugar hacía honor a su nombre, pues algunas nos sobrevolaron exhibiendo su formidable porte. 

Retrocedimos en sentido contrario hasta ascender a un impresionante morro. El Campanario nos esperaba con sus magníficas vistas hacia la depresión de la Caldera de Tirajana y un poco más allá un enorme Risco Blanco se mostraba erguido deslumbrando con su albeo colorido mientras las sombras ganaban terreno con el atardecer. Por el otro lado, la Caldera de Tejeda y un exuberante Roque Nublo presumían de una exquisita posición en este paisaje cumbrero adornado con un hermoso crepúsculo difícilmente olvidable. 

Lentamente, la noche envolvió el denso pinar, momento de armarnos con frontales. En adelante el camino estaría acompasado con un ir y venir de otras personas buscando prácticamente el mismo objetivo y por momentos todo el pinar estaba iluminado cual luciérnagas deslizándose en el mundo noctámbulo. 

La última punta de nuestra particular estrella nos acercaría hasta la Ventana del Nublo en los Llanos de Pargana. Nos hicimos un hueco, un poco más apartados, buscando el silencio y la tranquilidad para afrontar este baile de estrellas que como cada año por San Lorenzo viene a nuestro encuentro. Habíamos 

estudiado el asunto, aunque de Astronomía, sabíamos más bien poco, debíamos encontrar la constelación de Perseo que previamente habíamos enmarcado en un dibujo de constelaciones. Sin embargo, la falta de luz artificial y una Luna ausente, transformó el firmamento en una explosión de estrellas que pocas veces habíamos visto. No quiero engañarte, fuimos incapaces de encontrar esa constelación pero el momento en la oscuridad más absoluta percibiendo las voces de otras persona en la distancia, enfrascados en la misma ilusión, fue formidable. Y así, con los ojos clavados en el estrellado cielo esperamos nuestra ansiada lluvia mientras contábamos anécdotas y otras historias. La aparición de la primera estrella nos cogió desprevenidos, casi dudando de si realmente la habíamos visto o era fruto de nuestra imaginación, la segunda tardó algo más en llegar, y luego vinieron más, no muchas, pero sí las suficientes para darnos por satisfechos en esta aventura colmada de magia y de lugares realmente fascinantes que afloran en el Parque Rural del Nublo. 

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