#sigueelsendero

 

 

Iñaki Cabrera y David Salazar 

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Numerosas son las aventuras que a lo largo de este tiempo hemos realizado en las vertientes interiores del Parque Rural de Doramas. En esta que ahora te contaremos, intentaríamos dar un paso más, partiendo desde las cotas más altas, lindando con este hermoso pueblo de Firgas, una serpenteante acequia labrada por el hombre se muestra. Configurada por el paso de los siglos y proyectada como una gran obra de ingeniería hidráulica sin parangón, encaminada a encauzar las aguas desde múltiples nacientes naturales y galerías. Un sinfín de elementos que forman parte de una longeva institución encomendada en acercar las aguas con una precisión pocas veces vista. Y es que la acequia Real de la Heredad de Arucas y Firgas sería ahora nuestro portal en un viaje a través, de la historia, de la cultura y la tradición de uno de los recursos más valiosos de nuestro singular territorio, el agua. 

De la Acequia Real y la memoria del Agua. 

Numerosos canales de esta importante reliquia etnográfica recorren la orografía del linde de esta localidad mirando hacia las profundidades de Azuaje. En estos primeros pasos inspeccionaríamos minuciosamente su recorrido con esmero, con ilusión, relacionando todos los elementos que se anexionaban en el camino, cual arteria principal de un ensamblado cuerpo. La acequia jugaba a esconderse entre los tramos de carretera que la cruzaba, ocultándola bajo túneles y ramales que se bifurcaban para llevar las aguas a otras áreas del territorio, lavaderos y casetas de reparto con grandes cantoneras se nos mostrarían en el recorrido. También, recuerdo a algún que otro acequiero desviando las aguas para regar tierras plantadas de hortalizas. Una profesión antiquísima pero que se sustenta en su propia esencia, repartir las aguas para unos y para otros, como en esta gran heredad, con un denominador común “la asada”. 

No habíamos avanzado ni un kilómetro y nos tropezamos con una estancia inserta en lo profundo del terreno, construida en piedra, con techo abovedado, exquisitamente trabajado; daba refugio a una inmensa cantonera que repartía las aguas hacia distintas acequias que se perdían por túneles escavados bajo tierra. 

Cruzamos la Plaza de San Roque, eje central del municipio, y por aquí, también se respiraba el entramado de esta cultura del agua. Esculturas de esta ingente obra como si de una instantánea de sus primeros inicios se tratara y por el otro lado el Molino del Conde que servía para mover la piedra de la muela que durante años, transformaría los cereales de los jornaleros locales en harinas y gofios para el sustento y alimentación de los vecinos. Después de un extenso recorrido siempre sobre ella, descendiendo lentamente entre recursos hídricos y pequeñas poblaciones, topamos con un antiguo cortijo, abandonado, con techumbres caídas y paredes agrietadas, desafiando al tiempo en una más que concluida batalla. Más adelante, un molino de doble rueda escondido y abandonado, pero sin perder la esencia para la que fue construido. En su parte superior, dos piedras de molienda y en la inferior grandes ruedas dentadas. Nos imaginamos el agua entrando con fuerza moviendo los dos grandes ejes, y como no, el olor a millo molido impregnando la vecindad. En adelante, esta gran obra parecía perder presencia y se desdibujaba entre la vegetación y la ocupación humana. Pasaríamos junto a un decantador de tamaño considerable que serviría para eliminar las impurezas que arrastra el agua en tan largo recorrido. Luego, pasaríamos cerca de la Cantería de Arucas, uno de los emblemas de esta ciudad, proveedor de la famosa y azulada piedra labrada que engalana los más señeros edificios de la isla. El camino nos encauzó hasta otra de las grandes construcciones de esta Heredad de Aguas de Arucas y Firgas, las dos represas, o también llamadas Presas del Pinto, que se erigen como las primeras edificaciones de esta índole en nuestra isla de Gran Canaria, y debo decirte, que el paisaje que se muestra desde ellas, es único. Allí, nos esperaría nuestro amigo Mino, conocedor de todo aquello que tiene que ver con esta cultura del agua, de nuestra querida laurisilva y de la historia en sí misma de la heredad. Un libro abierto, o una enciclopedia de sabiduría como prefieras. Nos daría de primera mano nociones y anécdotas de estas maravillas de la ingeniería hidráulica, sus medidas, su construcción, su historia, su funcionamiento y los repartimientos de las aguas a través de los múltiples canales que de ella parten. El resto del camino sería por carretera, intercalando tramos con el cauce del barranco de los Palmitos hasta la misma costa de Bañaderos y con ello, el final de una gran aventura donde avanzaríamos por una continuidad de elementos trabajados con fuerza, sabiduría espíritu y tenacidad, dibujando un legado de la historia del agua en nuestra isla de Gran Canaria.

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