Masoquismo: Placer y dolor desde el cerebro.

April 2, 2018

Entrevistador, redactor y coach.

 

 

Es algo que nos parece natural que cualquier ser humano intente por todos lo medios evitar aquellos estímulos que le ocasionan malestar, y entre ellos solemos pensar que el dolor es el primero de la lista, ya que siempre lo asociamos al sufrimiento. Sin embargo, en muchas ocasiones hay quienes hablan de masoquismo de “baja intensidad”: todo tenemos amigos que corren maratones, nos rascamos una picadura de mosquito hasta arrancarnos la piel o enrojecida. ¿ Por qué? La relación entre el dolor y el placer es más compleja de lo que se cree. En la comprensión de esta relación extraña una clave puede estar en el cerebro cuando sentimos dolor. Es sustancia es la llamada endorfina, las endorfinas son unos opiáceos naturales de los cuales se nutre nuestro sistema nervioso para poner en equilibrio el miedo y el dolor. Pero ante el masoquismo el panorama es diferente, pues el dolor que se sufre es captado como placer en si mismo, aunque muchos han planteado que el verdadero enfoque u objetivo del masoquismo se relaciona más en si con el poder y la sumisión en el placer más que con el propio dolor. Masoquismo: Placer y dolor desde el cerebro. ¿Como de inteligente es el cerebro del masoquista para procesar el dolor? En un estudio realizado, se sacaron muchas conclusiones. Para empezar, encontraron que el grupo con reconocimiento de masoquista mostraba un umbral del dolor muy alto y valoraba las estimulación del láser que le aplicaron como una sensación agradable en comparación con los controles.El interés y la aceptación del masoquismo y el sadismo han crecido en la sociedad, que incluso los ha retirado del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Pero a nivel científico aún queda mucho por saber sobre estas parafilias. ¿De qué depende la interpretación del dolor?Este grupo de investigadores ha demostrado que el cerebro se comporta de forma distinta cuando un mismo dolor de intensidad moderada se compara con un dolor ‘peor’ o con uno ‘mejor’. Los participantes interpretaron ese dolor moderado como placentero al compararlo con otro más intenso. A nivel cerebral se observó una menor actividad en la ínsula y el cíngulo anterior, y una mayor activación en el circuito de recompensa que incluye las cortezas prefrontal orbital y ventromedial. 

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