#sigueelsendero

 

 

Iñaki Cabrera y David Salazar 

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Una vez más, viajaríamos rumbo al Oeste, buscando el encuentro entre dos espacios protegidos. Por momentos pensé en la aventura de meses atrás, ascendiendo por los altos del Viso y las hermosas imágenes que nos ofrecería hacia el pueblo de la Aldea. En esta nueva incursión nos desplazaríamos no muy lejos de las tres grandes presas de Siberio, Parralillo y el Caidero de las Niñas, que se insertan en la gran depresión de esta Caldera de Tejeda. En las áridas, pétreas y abruptas superficies que configuran el paisaje por estos lares, un proyecto Life, en fase de pruebas e innovador se nos mostraría. Objetivo “reforestar”, su nombre “Green Link” y su artífice “Cocoon”. 

De las montaña de Tifaracás y el Green Link. 

Nuestros primeros pasos se iniciaron, como de costumbre, con los primeros rayos de sol. La humedad de la mañana sería una más que oportuna aliada ante la dificultad de este inicial itinerario que debíamos afrontar. Ascendimos zigzagueando, sorteando la fuerte pendiente de un inexistente camino, entre la vegetación dominada por el Rabo de Gato que, sigilosamente, conquistaba el territorio. 

Durante este escarpado entramado nos cruzaríamos con parte de la inmensa estructura que conforma el Canal Bentayga. Una obra de los hombres del ayer, de dimensiones kilométricas que sigue su camino hacia la Aldea siguiendo la orografía desde los inicios del barranco de Tejeda. Más adelante un desdibujado sendero nos introduciría en lo más profundo del cauce del Barranco del Salado. Durante una pequeña pausa en tan prolongado desnivel, aprovechamos para observar los alrededores de la ruta, lugares que se nos mostraban como recuerdos de antiguos y emocionantes recorridos, colmados de momentos. Las Casas de Pino Gordo, la Pistolera, las Casas de Inagua, el canal del Parralillo, enclaves cargados de magia que se insertan con ligereza en estas maravillas naturales. 

El calor comenzaba a mostrar su poderío, pero afortunadamente, la pendiente disminuía. A cada paso, afloraban multitud de oquedades en las paredes de las laderas circundantes. También estaban las diferentes coloraciones del terreno. Por momentosm pensaba en erupciones altamente gaseosas y alteraciones hidrotermales producidas por el encuentro entre el magma y los acuíferos del interior de la tierra. Luego vendría la erosión, capitaneada por torrenciales lluvias que con el devenir de los años configurarían este pintoresco paisaje 

Seguimos avanzando entre recodos, veredas y algún que otro morro, hasta encontrarnos una grata sorpresa, casas cuevas que estaban siendo restauradas, recuperadas del olvido. La piedra viva de sus paredes, los escalones firmemente sujetos al terreno y las tratadas maderas de puertas y ventanas daban la oportunidad a un nuevo uso, a una nueva vida. Pronto nos situaríamos en las cercanías de la gran ganadería de Tifaracás, parecía estar en un impás, ni una sola cabra, ni un sólo balido. Puertas y ventanas cerradas presagiaban un abandono de la actividad, o por el contrario una trashumancia perfectamente organizada en busca de nuevos y frescos pastos. Poco después divisaríamos las casas Viejas de Tifaracás, derruidas y abandonadas al paso del tiempo, con el cielo por techo, sólo interrumpido por unas vigas de tea cruzadas de pared a pared. Por un rato, disfruté de las vistas entre sus ventanas abriéndose a tiempos pasados. Mas adelante, el recorrido se haría más complicado, más técnico, la vereda desaparecía. Tocaba descender por la Laja del Vaquero, una gran y alargada pendiente sobre roca desnuda y resbaladiza, hasta el cauce del Barranco del Canario. Continuamos bordeando la montaña de la Cruz del Vaquero, y por fin, se mostraba nuestro objetivo. Multitud de recipientes de cartón con el nombre de cocoon serían los responsables de este curioso escenario. Enterrados por toda la ladera, repletos de agua para poder suministrar un hilo de vida a la planta que guarda en su interior. Sabinas y pinos canarios por arriba, almácigos y acebuches más abajo. Todos ellos luchan contra los procesos de desertización de la montaña, fruto de plantaciones controladas en un bonito proyecto llamado Green Link. Sólo quedaba el descenso por la pista de tierra hasta la Presa del Caidero de las Niñas, nuestro destino final. A ambos lados del camino, multitud de vigorosas plantas crecen con la promesa de un mundo más verde, más sano, más limpio…

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