#sigueelsendero

 

 

Iñaki Cabrera y David Salazar 

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Semanas antes descendía por la carretera que te lleva desde las cumbres hasta la Vega de San Mateo, viajaba con mi mujer y mis hijos. Mirábamos hacia los roques que asomaban por el otro extremo, hacia la Cruz del Saucillo. Estaba bastante entrada la primavera y todo estaba muy hermoso, verde y húmedo. Mi mujer me preguntaba si había estado allí en alguna ocasión. Aquella conversación sería el germen para esta bonita aventura en las medianías de Gran Canaria . 

De la Gran Vuelta a Media Altura. 

Amanecía entre las pronunciadas laderas que delimitan esta Hoya del Gamonal, poco a poco, las sombras desaparecían ante el empuje de los incipientes rayos de sol. Era nuestro primer acercamiento a esta parte de la isla, muy cerca de la pequeña Presa de Las Hoyas, y que en el tramo final, atravesaríamos no sin cierta dificultad, para completar una gran circular. El camino se iniciaba por una carretera de tierra que nos acercaba en cierta medida a los dominios hidráulicos donde confluyen una parte importante de las aguas de pozos y galerías de filtración que se encuentran en estas partes altas del municipio de San Mateo aunque, curiosamente propiedad del ayuntamiento capitalino. 

Mientras dejábamos atrás, antiguas casonas y cortijos diseminados por éste escondido enclave, la niebla nos absorbía, acompañándonos, paso a paso, a través de este sendero que nos introducía hacia las vertientes interiores de Camaretas, sorteando altos y esbeltos árboles que crecían rectilíneos hacia el cielo. Subimos por una sinuosa vereda, unas veces bien delimitada y otras no tanto, en una subida continua y prolongada hacia los escarpados Riscos del Salado que duermen en las Cumbres. Tan escarpado era el lugar, que en algunos tramos, incluso tuvimos que trepar para seguir avanzando. Un poco antes, dejamos la hermosas cañadas del Salado justo bajo estos riscos que te menciono y en una cota más abajo aún, los Manantiales, unos llanos más desprovistos de vegetación pero dominados siempre por retamales acompañados de múltiples y coloridas florecillas. 

Recuerdo que hicimos la parada para recuperar fuerzas, al borde de estos riscos y desde allí podíamos disfrutar de unas magníficas vistas hacia el Roque Redondo y en general hacia todo el paisaje que se nos mostraba ante nosotros. Por momentos pensé en el valor medioambiental de este hermoso lugar y que por fortuna se incluyó hace poquitos años como Zona de Especial Conservación. 

Seguimos adelante bordeando el límite del Paisaje Protegido de las Cumbres, disfrutando de la orografía en forma de roques, solapones y salientes en cada una de sus vertientes. Caminábamos entre pinos, retamales, y más abajo, escobones y codesos. Atravesamos pequeñas veredas entre casas que aparentemente procuraban anular las servidumbres de paso. Sorteamos alguna puerta y continuamos el camino entre vallados metálicos que separaban cortijos, cotos de cazas y espacios de uso militar, hasta encontrarnos con el camino que nos llevaría al descenso por Siete Fuentes. Luego, en un desvío del sendero, cogeríamos hacia la Cruz del Saucillo, o Cruz del Navegante, pues según cuentan, allí fue clavada la cruz por unos navegantes que retornando de las Américas con destino a Europa, juraron clavar una cruz en la cima más alta de la primeras tierras que vieran, si sobrevivían al temporal que estaban cruzando. Seguimos en esta fulgurante aventura y tras un ligero descenso, el Roque de la Retama se mostraba delante, firme y majestuoso. Seguidamente descenderíamos por una carretera de tierra hasta Piedra Caballera para continuar hacia la Montaña de Codesos, que guarda en apariencia, cierto parecido al Montañón Negro, fruto al igual que este, de las últimas erupciones volcánicas de la isla. Por su piroclástica superficie de notable desnivel, bajamos precipitadamente, hundiendo nuestros pies en el picón hasta incluso perder el equilibrio en más de una ocasión, recuerdo que fue divertido y diferente. El sendero nos introducía entre verdes y vigorosos pinares hasta abordar unas cañadas que entrañaban cierta dificultad para atravesarla, adentrándonos en el barranquillo de la Lechucilla, y poco después, llegaríamos nuevamente a la Presa de las Hoyas, pero esta vez, por el lado opuesto. Nuestras previsiones se habían quedado cortas y el tiempo estimado se nos había difuminado mucho más atrás, donde el Camino de los Caballeros. Ahora bien, debo decirte que después de una quincena de kilómetros y un notable desnivel acumulado, esta gran vuelta a media altura quedará guardada en la memoria, entre los lugares más hermosos a los que nuestras botas nos han encaminado en esta isla de Gran Canaria.

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