#sigueelsendero

 

 

Iñaki Cabrera y David Salazar 

Facebook y hashtag #sigueelsendero Escúchanos los jueves a las 18:00 en Radio Teror 107.6 Fm 

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Estaba en casa cuando recibí aquél mensaje, era Laura, la esposa de Iñaki. Me decía que pensaba regalarle un viaje a La Palma a su marido, y me pedía que lo acompañara. Tardé dos segundos en decirle que sí, y un segundo más en pedir permiso a mi mujer Bárbara, para emprender esta nueva aventura. Encendí el ordenador inmediatamente y mis dedos revoloteaban sobre el teclado buscando información de sus senderos. Había estado varias veces en La Palma y tenía algunas ideas de qué visitar. ¡Sólo dos días, y tanto que ver! Enseguida encontré algo interesante, “El Bosque Encantado”, una única foto y quedé enamorado del lugar, sin duda, este sería nuestro primer objetivo.

Maravillas de la laurisilva canaria. 

El Cubo de la Galga.

Iniciamos el camino en el Mirador de Fuente Pino. David se adentró primero e Iñaki le seguía a no mucha distancia, auscultando todo lo que podía, maravillado por la virulencia de la vegetación. A medida que nos acercábamos a este Barranco del Cubo, todo se iba volviendo más espeso, más verde, y de repente, la claridad del día dio paso a la sombra y a la penumbra. A nuestra mente, llegaban los relatos de autores que escribían sobre la magnificencia de la antigua Selva de Doramas en nuestra isla de Gran Canaria, sin duda, debía parecerse en algo a esto. 

Las sombras se intercalaban a veces con algún rayo de luz. Allí, enormes y esbeltos tilos acompañados de laureles, se repartían principalmente el pastel. Por abajo, en su base, cientos y cientos de helechos acampaban por doquier y mostraban las frondas de sus grandes hojas. También estaban los musgos y líquenes que se anclaban hasta en los lugares más inverosímiles. Un lugar mágico que nos transportaba a nuestra infancia y a las mil aventuras que habíamos leído en aquellos cuentos infantiles.

Descendimos hasta el lecho del barranco y por el camino nos cruzábamos con excursionistas unos de aquí y otros muchos de fuera, por momentos parecía que llevásemos mucho tiempo visitando este impactante lugar. Llegó la hora de ascender hasta el Mirador de la Asomada Alta, un lugar precioso en vistas hacia el municipio de los Sauces y la costa este de la isla. Las copas de los acebiños y algún barbusano mostraban sus frutos, verdaderas golosinas para las palomas Rabiche y Turqué que merodean, viven y contribuyen al mantenimiento de este ecosistema. Luego, para terminar vendría el descenso hasta el punto donde comenzamos, acompañados de la exquisita y simbiótica relación de brezos y fayas. Bajando al Infierno, la playa de Nogales. Habíamos repuesto fuerzas y quedaba toda la tarde por delante, Iñaki había comentado que durante el verano había estado en La Palma, y que había una playa cerca de allí que no había podido visitar, así que no tardamos mucho en ponernos en marcha y dirigirnos al lugar. Aparcamos el coche y nos acercamos al inicio del sendero, los escalones bajaban cortando el risco, sólo una barandilla protegía el camino del abismo. Y por ellos descendimos, hasta que de pronto, en un recodo, surgió aquella cavidad, una gran cueva semisumergida. El mar entraba en ella por algún hueco que nosotros no podíamos ver pero sí sentir. Las sombras y las luces, las cristalinas aguas y el leve murmullo del fluir del mar en el interior nos extasió. Tiempo después averiguamos que la llamaban la Cueva del Infierno, y que sobre ella giraban historias de piratas y contrabando. Debíamos continuar, la Playa de Nogales nos esperaba. Un recodo más en el camino, y la espectacular playa apareció ante nosotros. Estábamos de suerte, la bajamar había esperado a que llegáramos, y la impoluta arena negra nos daba la bienvenida, pisamos casi con miedo de dejar nuestra huella bajo los pies, pero fue inevitable, recorrimos toda su longitud, fotografiamos cada detalle que nos llamó la atención, desde las olas rompiendo en la orilla hasta los grandes paredones de los acantilados. Regresamos al coche con una sonrisa, con la sensación de haber visitado, una vez más, un sitio especial.

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