#sigueelsendero

 

Recuerdo que por aquellos días se aproximaba un frente frío del norte hacia las islas, los vientos alisios eran desplazados por este potente frente, que se traducía en diversas lluvias con incidencia somera, sin embargo, aquello quedaría sólo en una mera apariencia. 

Los dominios de Siberio. La Mesa de Los Juncos. 

Bajábamos por la carretera que nos llevaría al inicio del sendero en el Carrizal de Tejeda. En su largo, estrecho y solitario recorrido sólo nos cruzamos con el panadero, que iniciaba su tempranero reparto por las distintas poblaciones de la zona. Los primeros pasos nos conducían junto a un corte en la pared que nos mostraban distintas capas de piroclastos. Una ligera llovizna nos daba la bienvenida y nos invitó a que nos pusiéramos los chubasqueros. En ese momento, nada hacía presagiar lo que después vendría. Aquel día, David llevó uno que es tipo poncho, y creo que fue la última vez que lo volvería a utilizar. 

Descendimos por un desdibujado camino, pero aparentemente transitable. El día se oscurecía por momentos, y a lo lejos, en aquel hermoso y diferente paisaje se proyectaba una casa aislada, en aquel barranco de Siberio. Más arriba aún, el Bentayga estaba siendo conquistado por abultadas nubes que lo acordonaban, ¡era maravilloso! 

Llegamos a la estructura de una casa abandonada. Llovía con más intensidad, pero no fuerte. Cogimos por el barranquillo de la Sabina y pequeñas cuevas oradadas en antiguas coladas volcánicas asomaban a nuestro paso. Poco después, habíamos descendido al cauce del barranco de Siberio encontrándonos de frente con un muro de cañas a modo de barrera infranqueable, que impedían nuestro avance. Comenzó a llover con más intensidad aún, y brincando entre las distintas cárcavas de agua en el fluir de aquel barranco, seguíamos sin encontrar una salida idónea entre tanta tupida vegetación. De repente, nuestros ojos se posaron en una manguera que discurría pegada a la pared, y por allí nos metimos, y tuvimos suerte, habíamos pasado el gran obstáculo, dejábamos atrás el cañizo. Nuestras ropas y el calzado comenzaban a filtrar el continuo caer del agua. 

 

Recibimos una llamada, y nos contaban que se había declarado la Alerta Naranja por lluvias. Las nubes vaciaban sobre nosotros su contenido con fuerza. Aquel poncho oscuro que portaba David, ya estaba herido, rasgado por el paso entre las movedizas cañas y ya no cumplía su función. En el punto donde estábamos lo mejor era seguir, pues quedaba menor distancia para terminar, sólo la incertidumbre de saber cómo estaría el resto del camino, nos hacía dudar. 

Llegábamos a las abandonadas pero hermosas Casas de Siberio, construidas siglos atrás, y el día seguía tenebroso y lúgubre; cogimos por una vereda y ahora tocaba subir y subir. La lluvia no cesaba y las telarañas del camino estaban impregnadas de ella, resultaba muy hermoso verlo. Desde aquellas alturas divisamos la Presa de Siberio, y a lo lejos la gran cascada del sinuoso barranco del Cofre, que aquél día bajaba con bastante caudal. Ascendimos un poco más y divisamos la Casa del Junquillo, parada obligatoria, necesaria y oportuna, donde recuperamos energías y escurrimos, lo que pudimos, nuestras ropas. 

Seguimos bordeando esta Mesa del Junquillo, elevados y pronunciados eran sus riscos. Pasamos la zona del Ancón y vimos la carretera mucho más abajo junto a la presa del Parralillo, como una cuerda que conduce hasta el Molino y más allá, hasta La Aldea. 

El mediodía traía una notable mejoría del tiempo, la lluvia comenzaba a ceder y las nubes más bajas retrocedían hacia Tamadaba. El camino bordeaba la cara norte de la meseta, más húmeda, alimentada por los alisios. Los juncos se mezclaban con los almendros dando color a los fríos paredones. Y así, poco a poco, fuimos llegando al final del sendero, y un rayo de sol penetró entre las nubes... 

Please reload

Entradas destacadas

I'm busy working on my blog posts. Watch this space!

Please reload

Entradas recientes

October 31, 2019

October 31, 2019

October 1, 2019

October 1, 2019

Please reload

Archivo