SPANKING: AZOTAR CON ARTE

February 1, 2017

Entrevistador, redactor y coach.

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Tarde o temprano tenía que llegar. ‘50 sombras de Grey’ ha caído en las manos de tu novia y ahora ya no se conforma con un breve misionero: quiere BDSM, es decir, bondage, dominación, sadismo y masoquismo. Todo ello en dosis moderadas y convenientemente descafeinadas. Como en la novela. 

Y tú, bueno, digamos que no eres precisamente el Marqués de Sade. Es más, la sola visión de un rasguño te hace ver la noria. Don’t worry. Aquí nadie va a sangrar. Ni siquiera nos van a hacer falta látigos, lavativas, collares de perro, cadenas, pinzas de acero o suspensorios de látex. 

SPANKING 

Ya lo dijo Jean Pierre Enard, “el azote es el mayor homenaje que se puede rendir a la más digna, más refinada y más generosa parte de la mujer: las nalgas”. Ahí van unos pequeños consejos para zurrar con fundamento: 

Viste a la chica de colegiala. Así la transportarás a sus años mozos, cuando la señorita Rottenmeier le daba un cachete si era mala. 

. Ponla sobre tus rodillas. Si pesa más de 80 kilos, mejor deposítala en la cama, con un almohadón bajo el vientre para elevar esa parte. 

Empieza suave. Tienes entre manos unas posaderas, no un tambor. Así que trátalas como tal. Propínales golpes secos, a mano abierta, que suenen ¡plas! y escuezan con moderación. 

Cambia el ritmo. Según vayan calentándose sus nalgas, pega más rápido. Luego para. Dale cinco azotes seguidos más cortos, otro duro, acaricia un poco para aliviar... La idea es variar, para que el culo no se acostumbre y su dueña se divierta. 

Si se te cansa la mano puedes coger una zapatilla, una raqueta de ping pong, un cepillo del pelo o una vara inglesa. 

Culmina. Tras la azotaina, su culo estará ardiendo. Ahora ya es menester practicar lo que los sadomasoquistas llaman “sexo vainilla”. O sea, el viejo coito de toda la vida. 

BONDAGE 

“¿Cómo te puedes enamorar de un hombre que te ata a la pata de la cama?”, preguntaba Loles León a Victoria Abril en ‘¡Átame!’. He aquí la respuesta: 

Compra cuerda. Pongamos unos siete metros de cuerda de cáñamo suave, para empezar. 

Si no tienes cuerda, apáñate con corbatas, medias, bufandas, esposas, cinta de embalar, cordones de zapatos, alambre... El caso es poder inmovilizar sus brazos y sus piernas. 

No ates su cuello. Estamos jugando a bondage, no al ahorcado. 

No aprietes mucho los nudos. Aplica la presión justa para amarrarla bien sin cortar la circulación de su sangre. 

Juega con la chica. Sal de la habitación un rato dejándola atada, hazle cosquillas con plumas, dale cachetes, píntale palabras obscenas en el cuerpo y... bueno, si te empeñas puedes copular. 

Pon a mano un cuchillo o unas tijeras. Tranquilo, que no vamos a sacrificar a nadie. Es por si tienes problemas para aflojar tus propios nudos y liberar a tu presa. 

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