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Tras aquella visita a la elevada cresta de Altavista y el fulgurante descenso hacia Acusa, pasando por el barranco del Silo, en esta siguiente aventura nos dirigimos hacia otro de los extremos de aquella Caldera de Tejeda, si bien seguíamos dentro del entorno del Parque Rural del Nublo. 

Habíamos planteado una ruta lineal, partiendo desde el cruce del Aserrador y finalizando en el Roque Bentayga, situándonos en todo momento bajo el auspicio del majestuoso Roque Nublo y acercándonos al barrio de la Culata de Tejeda y Timagada sucesivamente. 

El Aserrador debe su nombre a que allí, antiguamente se aserraban los pinos que luego los arrieros transportarían hasta Tejeda. También como anécdota, te cuento que en la tienda que en aquel cruce se encontraba, se hacían trueques entre las gentes con menos recursos. 

Allá en el otro extremo, el Roque Bentayga que con sus 1404 metros de altitud, se erige como un enorme pitón basáltico entre las montañas de aquella enorme Caldera de Tejeda forjada por colapsos continuos y hundimientos volcánicos conformándose un lugar de notable belleza. Próximo a él, se encuentran los antiguos asentamientos aborígenes canarios de Cuevas del Rey y Roque Camello, que constan de un centenar de cuevas de habitación, enterramientos, silos, etc. Y en el lado oriental de la base del roque se halla el famoso Almogarén del Bentayga, centro de culto de los antiguos. 

Capítulo 3 Atravesando los Confines del Nublo. El paso del Aserrador 

Avanzaba el verano que casi se despedía, pero aún permitía que las tardes se alargaran lo suficiente como para hacer rutas de unos cuantos kilómetros. Era nuestra tercera ruta, y todavía nos estábamos familiarizando con los manejos del GPS y la geolocalización. La toponimia y la interpretación de senderos vendrían más adelante. 

Aquella tarde nos habíamos reunido algunos amigos, Román, Ángel, Samuel y Chedey nos acompañaban. Corría una sensible brisa, en aquel despejado cielo, acompañándonos en gran parte del recorrido. Partimos del cruce del Aserrador, un poco más adelante, pero como no dábamos con el inicio del sendero, optamos por el campo a través encaramándonos entre rocas, subiendo varias decenas de metros hasta encontrar el camino que abría su dibujo hacia el comienzo, una curva más allá de donde habíamos empezado a trepar. Aún la interpretación del GPS nos jugaba malas pasadas 

Ascendíamos entre retamales, dejando pintorescas formaciones rocosas atrás, por aquella embocada del Nublo, aprovechamos para tomamos un pequeño descanso junto a un embalse del camino y coger resuello, porque el sendero seguía subiendo. A los lados se nos mostraban impresionantes estructuras basálticas labradas por el tiempo y la erosión. El camino proseguía entre pinares y tras subir por aquel barranco, nos situamos bajo su atenta mirada, el Nublo nos observaba. Recuerdo que me causó un verdadero regocijo divisarlo desde aquel lugar, y creo que a los demás también. Aprovechamos para hacer unas tomas de aquel pétreo monolito. Luego, tras varios senderos casi lineales por el Cortijo del Nublo, se nos mostraron espectaculares vistas del Carrizal de Tejeda, el Juncal, el barranco de Siberio, la Mesa de Acusa y Altavista; el Roque Bentayga un poco más cerca y el Roque Palmes más distante. Allí, en aquel lugar, aquella imagen, despertaría en mí, la pasión por conocer todos estos rincones. Iniciamos el descenso, llegando a la abandonada Casa del Pino, con inmejorables vistas a la Culata, donde aprovechamos para comer de la higuera que allí se encontraba. Seguimos bajando y paramos en una curiosa piedra casi redonda que se mantenía firme en un pequeño lomo, asomando al risco. Continuamos, y tras pasar por la Culata y fijarnos en sus hermosas casas, algunas recientemente restauradas, nos dirigimos a la Vuelta de los Espinos, Los Caminitos y ya más adelante la Cruz de Timagada. Almendros y retamales nos harían compañía en todo este trayecto. La tarde caía, y en aquella pequeña plaza empedrada donde se ubica la Cruz, aprovechamos para refrescarnos y captar el momento. Recuerdo, que por el camino, alguno de los nuestros decidió probar suerte con algunas almendras y tras numerosos intentos todas fueron amargas; entonces alguien comentó lo de la piedra que se coloca en medio del almendro diferenciando la almendra amarga de la dulce. 

La noche se acercaba, mostrándose ante nosotros la majestuosa silueta del Bentayga, unos cientos de metros más y llegaríamos a nuestro destino, el final de esta aventura se encontraba a los pies del Bentayga, en el cruce de Las Moradas. Luego llegaría el premio en forma de enyesque en el hermoso pueblo de Tejeda 

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