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Nuestra isla de Gran Canaria es un gran conglomerado de microclimas, ayudados por los vientos alisios y el anticiclón de las Azores, combinados con la configuración geográfica fruto de su origen volcánico, ha permitido que a lo largo de miles de años la naturaleza forje una diversidad de paisajes excepcionales a lo largo de ella. Encontramos zonas áridas, secas pero también podemos viajar hacia zonas más húmedas donde entre otras, predominan los bosques de laurisilva y pinares; todos ellos sin excepción, tienen su particular belleza… y queremos descubrírtelos. 

En esta aventura que te proponemos David y un servidor, nos gustaría que nos siguieras desde muy cerca, descubrirás con nosotros los distintos senderos que hemos ido buscando, siguiendo o haciendo. Senderos millones de veces pisados, que salen en todos los mapas, turistas y lugareños los conocen a la perfección, pero en otras ocasiones, pisaremos esos senderos olvidados por el tiempo, ahora frecuentados para comunicar nuestra isla interior. En el recorrido nos detendremos en determinadas localizaciones colmadas de historia, lugares construidos por la mano del hombre o por la propia naturaleza. 

Quizás estas palabras, y a medida que nos sigas, sembrarán en ti las ganas de adentrarte en el sendero, como nos sucedió a nosotros o quizás recuerdes aquellos lugares que frecuentabas o que visitaste en tu juventud. De cualquier forma, después de muchos y muchos kilómetros, hemos comprobado que vivimos en una isla maravillosa y queremos mostrarte sus encantos. También aprovecharemos para indicarte, a medida que avanzamos en esta aventura, sobre ciertas recomendaciones a tener en cuenta para la práctica de este deporte, pero vayamos a la historia… 

 

Capítulo 1. Del Faneque. La cima de los vientos 

Aquellos fueron nuestros primeros pasos juntos, acompañados por otros amigos. No era una ruta muy larga, sobre los 7 kilómetros, quizás menos y la escogimos por dos razones para iniciarnos y para disfrutar de aquel bello paisaje. Partimos al inicio de una tarde de agosto desde la Casa Forestal en el Parque Natural de Tamadaba en Artenara, hacía calor pero las sombras de los pinos lo amortiguaban, e iniciamos el descenso en varias fases. Faneque es un conglomerado de tres vertientes sucesivas que conforman un gran acantilado que se encuentra en un extremo de aquel parque, desde donde divisamos Agaete, a un lado y La Aldea, al otro. 

El sendero zigzagueaba entre pinos, a veces desdibujado, hasta llegar al primer saliente, y fue impresionante, aquella altura, todo se veía profundo, lejano, distante. La carretera de Agaete parecía un hilo encordando las montañas y la brisa que nos acompañó todo el tiempo era un susurro musical en nuestros oídos. Estando allí, decidimos avanzar un poco más hacia el segundo saliente, más complicado que el anterior, más técnico, era necesario brincar entre piedras y ascender por una pequeña pared de roca, pero con cierto cuidado lo afrontamos y nos asomamos a aquel otro lugar, ¡qué maravilla! nos encontrábamos en unos de los acantilados más altos del mundo, fantástico. Simultáneamente pensaba que no estaba nada mal para empezar y creo que David también lo pensó. Sin embargo más allá, estaba el tercer saliente tenía una complejidad extrema entrando ya en el ámbito de la escalada y en aquella ocasión, aquél fue nuestro límite, el tercer saliente debía esperar a mejor ocasión. 

Después de aquella impactante visita iniciamos el retorno por el mismo camino, anochecía y el sol se despedía de nosotros desde aquel hermoso lugar, la idea tomaba forma. 

#sigueelsendero

 

En esta ocasión me he decantado por un tema del que me es muy fácil escribir pero no tanto comentarlo con los demás puesto que tiene sobre sí el estigma de la vergüenza, a lo largo del artículo entenderéis porque ocurre. 

Voy a relatar mi experiencia personal sobre este tema para que veáis a lo que me refiero. 

Me inicie en el deporte hace ya unos 16 años, queda claro que en cualquier práctica deportiva, la alimentación juega un papel fundamental (comer cada 3 o 4 horas, proteínas e hidratos de carbono en cada comida, grasas de calidad…) Pues lógicamente no estaba en mi casa todo el día, entonces lo que hacía era llevarme la comida preparada, pues bueno, aquello era un acontecimiento tremendo… 

Si quedaba con alguna chica, ufff aquello era un show, cuando llegaba la hora de comer sacaba mi bocadillo o tupper y la cara que se le ponía era todo un poema, me decía: ¿oye no te da vergüenza traerte un tupperware a un parque? Y yo le respondía: No, esta es la única forma que tengo de conseguir los resultados que quiero… No hacía falta ser muy listo para poder interpretar su cara (Este tío está como una cabra….) evidentemente a mi me daba igual, creía tanto en lo que quería conseguir que no me importaba, pero claro, nuestro ánimo y fuerza de voluntad no siempre son tan poderosos y muchas veces me sentía mal, por un lado, por cómo me juzgaban, simplemente por no comer lo políticamente correcto que sería una palmera de chocolate o algo así y segundo por no tener la capacidad de ponerse en el lugar de la otra persona; yo pensaba, si esto es así por comer arroz y atún imagínate por otro problema más serio. 

Otro espectáculo era cuando te sentabas en un banco de una calle importante y te ponías a comer tu tupper, buenoooooooo, la gente te miraba como si fueras extraterrestre o algo, perdonen por ser tan expresivo pero de verdad que intento transmitir todas las emociones que se me pasan por la cabeza y reconozco que me lo estoy pasando en grande al recordar todo aquello. Volviendo al tema, yo me sentía avergonzado pero la persona que estuviera a mi lado es que cambiaba hasta de color, jajajajajajaja. 

Reconozco que me produce mucha risa ahora, después del paso de los años y de entender un par de cosas de esta vida, pero en aquella época era muy traumático y todo por llevarte comida de casa, alucinante!!! 

Ya más adulto, en la universidad, estudiaba de tarde y claro si almuerzas a las dos y sales a las 7 u 8 algo ¿tendrás que comer por la tarde no? Pues me acuerdo que me llevaba un bocadillo, porque el tupper era impensable, los mismos profesores me miraban como diciendo, ¡mira!, este es un loco de esos de los gimnasios… los compañeros de clase, me decían: ¿Cómo te vas a comer eso a las cinco de la tarde? Y lo más simpático del tema es que ellos bajaban a la cafetería y se compraban una bolsa de chuches y un paquete de papas, cuando tú te traías de casa un bocadillo con pan de semillas, pechuga de pavo y una fruta, menos mal que por aquella época ya pasaba de todo, solo quería terminar mis estudios y hacer otras cosas. 

Con todo esto, a lo que me refiero es que cuando tú preparas tu propia comida, sabes si es fresco, le pones la cantidad que quieres, tú mismo has comprado los ingredientes: (pollo de corral, cherne fresco, un buen corte de ternera…) y usas unas marcas que te gustan más en vez de otras, por ejemplo, yo utilizo siempre aceite de oliva virgen extra, no solo para las ensaladas, sino para cocinar también, no hay ningún restaurante que haga eso… Yo no digo que no salgas a comer fuera de casa, ni que los restaurantes no utilicen productos de calidad pero si es verdad que como tú, nadie va a preparar mejor tú comida ni con más cariño. 

Lo que intento decir es que no sientan vergüenza si se llevan su almuerzo de casa al trabajo o si te llevas un sándwich por la tarde cuando salgas, ten personalidad, prioriza tus objetivos que tanto tu bolsillo como tu cuerpo te lo agradecerán y si alguien no te entiende, déjalo estar y pasa a otra cosa, hay veces en las que hay que pasar un poco de los demás, no se puede estar todo el día pensando en el que dirán, mejor invierte ese tiempo en tu crecimiento personal. 

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