“LA FELICIDAD” Y EL SISTEMA INMUNOLÓGICO

March 2, 2016

Preparador físico y entrenador personal.

 

En los últimos años se ha gestado discretamente un cambio de paradigma dentro de la ciencia, de la visión de que el cuerpo y la mente estaban totalmente separados, a un enfoque  más inclusivo, que considera a la mente-cuerpo como un solo sistema.

 

La vieja forma de pensar era que nuestros cuerpos eran entidades biológicas estables, fundamentalmente separadas del mundo externo, la nueva forma de pensar radica en que  hay mucha más permeabilidad y fluidez... nuestro cuerpo es literalmente producto del ambiente.

 

Hoy sabemos que nuestro estado de ánimo y los estímulos del medio ambiente tienen efectos a nivel celular y son tanto o más importantes para nuestra salud que nuestros genes.

 

La psicología logra demostrar que las experiencias negativas como un diagnóstico de cáncer, la depresión, estrés, el trauma o el bajo estatus socioeconómico pueden afectar el perfil inmunológico de una persona. Mientras que “las experiencias de felicidad y la percepción de esas experiencias en nuestro cuerpo” también producen cambios en nuestros mecanismos biológicos, en sentido opuesto. 

 

Estas experiencias positivas son capaces de “remodelar nuestra composición celular”. La antigua división entre el cuerpo y la mente que ha acompañado a la ciencia en sus fundamentos por tantos años no se sostiene: es prácticamente imposible que lo que experimentamos mentalmente (la imaginación, la fantasía, el pensamiento, la preocupación, la relajación, etc.) no se reproduzca también en nuestro cuerpo. Nuestra salud no sólo es el cúmulo de todas las cosas que hemos ingerido, el ejercicio que hemos hecho y nuestros genes, es también el agregado de todos nuestros pensamientos y emociones (nuestro cuerpo no puede dejar de registrar todos nuestros estados mentales y reprogramar su funcionamiento a partir de ellos).

 

Lo anterior nos obliga a tomar responsabilidad por lo que ocurre en nuestra mente en cada momento, sabiendo que, si bien un pensamiento aislado o una emoción fugaz seguramente no debilitarán significativamente nuestra inmunidad, la reiteración de nuestras formas de pensamiento y reacciones ante el mundo van apilándose y forman los hábitos y patrones que llegan a determinar nuestro estado de salud general.  O, con mayor precisión: “La experiencia que tienes hoy afectará la composición de tu cuerpo por los siguientes 80 días, porque eso es el tiempo que tardan la mayoría de los procesos celulares”, ¿A cuántos ciclos de estrés de 80 días hemos sometido a nuestras células? 

 

El sistema inmune tiene dos funciones principales: luchar contra agentes infecciosos y causar inflamación. 

 

La primera función, es la que consideramos generalmente como señal de que nuestro sistema inmune funciona adecuadamente, en equilibrio, dirigiendo sus esfuerzos contra las verdaderas amenazas que enfrenta nuestro cuerpo.

 

La segunda función, la inflamación, es en muchos casos el resultado de una sobreexcitación, ya sea porque introducimos agentes tóxicos a nuestro cuerpo (o que nuestro cuerpo percibe como tóxicos, como es el caso de algunas intolerancias a alimentos que la mayoría de las personas toleran perfectamente bien) o porque el estrés hace que nuestro sistema inmune esté combatiendo permanentemente enemigos invisibles -ya no virus o bacterias, sino desvaríos. Además de causar dolor, la inflamación puede también dañar el tejido y con el tiempo producir una cuantiosa serie de enfermedades (la mayoría de las enfermedades neurodegenerativas, por ejemplo, parecen estar ligadas a la inflamación).

De todos es sabido que cuando estamos en un estado alegre, contento o de gozo nos encontramos mucho mejor y hasta cualquier mal que tengamos parece que lo llevamos de otra manera, como si nos afectara menos… 

En este artículo de lo que se trata es de transmitir que:

-Hay que tomarse la vida de otra manera. 

-Tenemos que aprender a desconectar, cada cosa tiene su momento.

-Todo, absolutamente todo, tiene solución, aunque no lo creamos en el momento del suceso.

-Hay que ver los problemas desde una perspectiva constructista.

-Hacer ejercicio y llevar una alimentación adecuada ayuda a encontrarnos mejor.

-Alejarse todo lo posible de eso que nos hace daño.

-Utilizar siempre el sentido común. Haz caso a tu intuición.

 

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